Siempre está ese dicho que asegura que las segundas partes nunca fueron buenas, pero hay sus excepciones. «El caballero oscuro» es una de ellas, y así varias películas. A esta lista ahora se le suma la secuela de «Top Gun», cinta que vio luz en 1986 y que después de 36 años viene con una secuela que tiene todo para superar a la primera, y que honestamente lo hace sin mucho esfuerzo.

La primera nunca me gustó. En mi opinión era una película de niños por mucho Tom Cruise y Val Kilmer guapos y jóvenes que salieran en pantalla. Confieso que no iba con muchas expectativas con la segunda. Me imaginaba un mash up entre «Cuestión de honor» (1992), y alguna Misión Imposible. Pero si bien la película arranca mirando al pasado, en cuestión de minutos encuentra su ritmo y vemos a Pete Mitchell (Tom Cruise) haciendo lo mejor que sabe hacer: volar y tratando de enfocarse en el presente.

Por supuesto que es el mismo Maverick de hace 36 años, pero conforme la película avanza, vemos que hay cuestiones que lo marcaron y que como siempre, y a su manera da lo mejor de sí. Y algo que no podemos negar es que Cruise es carismático a rabiar y se adueña de la pantalla cada vez que aparece.

La historia nos lleva a ver como Maverick, ahora casi retirado, se le encarga darle clases a los mejores pilotos del programa Top Gun para llevar adelante una peligrosa misión. Las escenas de acción son de lo mejor de la película, tanto que uno siente que puede estar dentro del avión.

La presencia de Iceman

6290129096d63_topgun2Con una amistad forjada por años, nos enteramos que Tom «Iceman» Kazansky (Val Kilmer), es quien mete la mano siempre por Pete, su amigo temerario. En esta entrega, Iceman, está en lo más alto del rango, pero también está enfermo. Su presencia se siente en toda la película, pero es hasta que lo vemos, que la emotividad nos toma por sorpresa.

Y es que para quien haya seguido la saga de esta película, debe saber que la presencia de Val Kilmer en la misma es todo un logro. El actor sobrevivió a un cáncer de garganta, el cual lo dejó sin voz. Desde entonces no había aparecido en la pantalla grande, hasta ahora, donde lo real y ficticio se conjugan para contar una buena historia.

Aplausos también para el equipo de efectos especiales y maquillaje que lograron acomodar a Kilmer y hacerlo lucir un tanto más joven y con menos secuelas de las que le dejó su enfermedad.

El bigote de Rooster

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Pero no podía terminar sin mencionar a la nueva generación de pilotos. Glen Powell, Mónica Barbaro, Lewis Pullman y Miles Teller dan vida a los nuevos pilotos que conforman el equipo de élite. Teller, hace de Bradley «Rooster» Bradshaw, el hijo del compañero de Maverick que muere en combate.

Sin embargo, y aunque pueda parecer algo muy superficial, el bigote que le hicieron llevar en la película no ayuda en nada a su personaje. No sé si fue con la intención de hacerlo ver mayor (pero vamos que el hombre tiene 35 años y aparenta su edad), o hacerlo ver más rudo. Pero ninguna de las dos cosas se logro. Si el personaje fuera de un hombre en la industria del porno, le queda muy bien, pero en este no le luce.

Mención aparte los actores de reparto que están estupendos. John Hamm, Jennifer Conelly y Ed Harris, le aportan otro tono a la cinta que mira el pasado con nostalgia, pero que se ubica en un vertiginoso presente.